[..]La sílaba tibetana AH 
dentro de una "esfera de arco iris" (thigle), 
representa a una gota pura 
donde esta contenido todo el amor del corazón
y poten­cial espiritual. 
Esta se usa en las enseñanzas Dzogchen, 
como un símbolo de pureza primor­dial. 
Los niños felices irradian esta pureza y espontaneidad, 
libres de pensamientos conceptuales, 
pero no está integrada ni estabilizada como una verdadera realización; 
ésta sólo viene después de que la mente conceptual se ha desarrollado 
y haya sido transcendida por la práctica espiritual. [..] 
Transfiguraciones. Alex Grey. pag 84.
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Imágenes extraídas de:

[..] En el tantra del dzogchén 
El rey que todo lo crea (Kulayaraja tantra),
podemos leer:
«La (naturaleza de la) mente es la creadora de todo el samsara y el nirvana:
¡es a este "rey que todo lo crea" al que es nece­sario conocer!»
En general se explica que transmigramos en la visión impura e ilusoria del samsara, pero en reali­dad es sólo nuestra mente la que transmigra. Y es precisamente (la naturaleza de) nuestra mente, purificada, la que se descubre en el estado puro de la Iluminación. La (naturaleza de la) mente es en verdad la única base o raíz de todo: del samsara y del nirvana, de los seres que sienten y de los Ilu­minados.
¿Cómo comienza la existencia cíclica condicio­nada en la visión impura del samsara? La natura­leza o esencia de nuestra mente —o sea, nuestra propia capacidad cognoscitiva— es totalmente pura desde el origen. Ahora bien, los obstáculos temporales asociados al "des-Conocimiento" impi­den el "re-Conocimiento" (de) nuestra verdadera condición, o sea, el "auto-re-Conocimiento" (de) la pura Presencia no dual o "Presencia absoluta"
inherente a la naturaleza de nuestra mente. Care­ciendo del "re-Conocimiento" (de) esta condición, surgen los pensamientos ilusorios y los impulsos a la acción causados por las pasiones. De este modo acumulamos acciones negativas y, puesto que la maduración del karma es inevitable, como resul­tado de ellas transmigramos de uno a otro de los seis estados de existencia samsárica, experimen­tando todo el sufrimiento que ello produce. 
En re­sumen, la carencia del "re-Conocimiento" (de) nuestro estado original de pura Presencia no dual es la causa de la transmigración en la existencia cíclica condicionada, 
que nos hace esclavos de innumerables ilusiones y distracciones. 
 
En efecto, condicionados por la mente, adquirimos un pode­roso hábito de realizar acciones ilusorias.
A su vez, el puro estado de Iluminación es (la naturaleza de) nuestra mente (auto-re-Conocida como tal) y no algo que nos llega desde el exterior, como, por ejemplo, algún tipo de luz enceguecedora. En efecto, si "re-Conocemos" nuestro estado primordial de pura Presencia no dual, puro desde el origen aunque haya estado temporalmente vela­do y obstaculizado, y continuamos en este "re- Conocimiento" sin distraernos, todas las impure­zas se disuelven: ésta es la esencia de la Vía. El perseverar en el "re-Conocimiento" (de) la natura­leza de pureza total del Estado primordial va haciendo a este "re-Conocimiento" tan estable que finalmente lo poseemos para siempre (y nos encontramos total e irreversiblemente "liberados de impurezas"). Es a este Conocimiento definitivo o definitiva pura Presencia no dual (de) nuestra verdadera condición original al que se le da el nombre de nirvana.' En consecuencia, la Ilumina­ción no es más que (la naturaleza de) nuestra mente purificada (de todas las impurezas temporales de error).
Por esto Padmasambhava ha dicho:
«(La naturaleza de) la mente ha creado tanto el samsara como el nirvana:
más allá de ella no existen ni el uno ni el otro».

Comprendiendo que la (naturaleza de la) mente es la raíz tanto de la existencia cíclica condiciona­da como de la Iluminación, podemos alcanzar la certidumbre de  que el carácter aparentemente con­creto de los fenómenos materiales y de los seres que sienten no es más que una visión ilusoria de nuestra mente. En efecto, a causa de los diversos karma acumulados, los varios tipos de seres sensi­bles tienen distintas visiones ilusorias, que son tan irreales como el color amarillo que un enfermo de bilis" percibe en una concha marina de color blan­co. 
Si los representantes de los seis estados de existencia samsárica se encontrasen a la orilla de un río, a causa de sus seis distintos tipos de karma ese mismo río se le presentaría a cada uno de ellos de una manera diversa: 
el representante de los (seres de los) "infiernos de fuego" vería llamas,
mientras que el de los (seres de los) "infiernos de hielo" vería hielo; 
el representante de los "espíritus famélicos" vería sangre y pus; 
el de los animales acuáticos, un lugar para vivir; 
el ser humano vería agua para beber; 
el representante de los semidioses, armas; 
el de las divinidades, finalmente, vería néctar. 
Este ejemplo se utiliza para ilustrar el hecho de que no existe ninguna realidad concreta y objetiva.
En consecuencia, conscientes de que la raíz del samsara no es otra que la mente, deberíamos dedicarnos completamente a erradicarla. De manera similar, re-Conociendo la (naturaleza de la) mente, que constituye la esencia de la Iluminación, uno se libera. Habiendo así obtenido la certidumbre de que la (naturaleza de la) mente es la base única tanto del samsara como del nirvana, debemos tomar la decisión de practicar.
Este trabajo consiste en mantener continuamen­te, sin distraernos, la (patencia de la) pura Presen­cia no dual que constituye la naturaleza de la men­te. Si queremos detener un riachuelo, debemos bloquearlo en su fuente: al hacerlo, su curso se detendrá automáticamente. Si intentáramos blo­quearlo en la desembocadura, en cambio, no logra­ríamos nuestro objetivo. De igual manera, si que­remos erradicar el samsara, debemos extirpar su raíz: nuestra mente (dualista), que lo creó y que lo sigue creando a cada instante. En efecto, no hay otra forma de liberarnos de la existencia cíclica condicionada, ni otro modo de purificar los obstá­culos y los sufrimientos debidos al karma ne­gativo, cuya única causa es también nuestra mente (dualista). Si esta última no se extirpa, no importa cuántos actos virtuosos realicemos con el cuerpo y con la voz, no obtendremos más que beneficios temporales (y, puesto que la raíz de los impedi­mentos kármicos todavía se encontrará dentro de nosotros, probablemente volveremos a acumular­los). Esto sería lo mismo que podar un árbol en vez de arrancarlo de raíz: en vez de secarse, el árbol volvería a crecer hasta alcanzar su tamaño anterior.
Para conquistar un reino no basta con subyugar 
a algunos miembros de la corte 
o a una parte de la población; 
es necesario someter también al rey. 
Del mismo modo, 
si (la naturaleza de) nuestra mente —el "rey que todo lo crea"— 
no se encuen­tra en su estado auténtico, 
aunque apliquemos los métodos tántricos de "desarrollo" y "perfecciona­miento" 
y recitemos innumerables mantra,  
no estaremos en la vía a la liberación total.
 
Si no man­tenemos la pura Presencia no dual sin distraernos y nos dejamos comprometer emocionalmente con la distracción y la ilusión (siendo, en consecuencia, arrastrados por nuestros pensamientos), jamás nos liberaremos de la ilimitada cadena de la existencia cíclica condicionada. Pero si mantenemos la Pre­sencia (de) la verdadera condición o naturaleza de nuestra mente, de modo que dicha naturaleza no sea ocultada por la distracción y nuestra mente no sea condicionada por la ilusión y en general por las fuerzas que actúan en su interior, contendremos en nosotros la esencia de todas las enseñanzas y de todas las vías. En efecto, todos los fenómenos de la visión dualista, tales como el samsara y el nir­vana, la felicidad y el sufrimiento, el bien y el mal, surgen sólo de la mente y no tienen otro origen. Por esto se dice que la no distracción (con respecto a la naturaleza) de la mente, (que disuelve la raíz de la ilusión, que es la mente), es la base de todas las vías y el punto fundamental de la práctica.
Siguiendo la profunda vía de la pura Presencia no dual, más allá de toda distracción, los Budas del pasado consiguieron la Iluminación, los realizados del futuro obtendrán la Iluminación, y quienes se realizan actualmente alcanzan la Iluminación. Todos los realizados se basan en la pura Presencia no dual, pues no existe otro modo de obtener la Iluminación: el "re-Conocimiento" de nuestra ver­dadera condición y la continuación de la Presencia (de) ésta es la esencia de todas las vías, la base de . todas las meditaciones, la finalidad de todas las prácticas, el extracto de todos los métodos secretos y la clave de las enseñanzas más profundas. Por lo tanto, a toda costa debemos mantener la pura Pre­sencia no dual de manera continua, sin distraernos.
Esto significa que no debemos seguir el pasado ni anticipar el futuro y, sin dejarnos comprometer emocionalmente con los pensamientos ilusorios que surjan en el momento presente, debemos vol­vernos hacia el interior y "re-Conocer" la verdade­ra naturaleza de todo lo que se manifieste en nues­tra mente, dejando en su propio estado todo lo que aparezca, más allá de los límites conceptuales constituidos por el pasado, el presente y el futuro. Sin dejarnos condicionar por las impurezas consti­tuidas por los conceptos y en particular sin intentar determinar cómo es nuestra verdadera condición —(o sea, sin juzgar) si ella existe o no existe, si es algo positivo o negativo, etc.— debemos perma­necer en dicha condición, sin corregirla.

El Estado primordial de total perfección (dzogchen) no se encuentra dividido por los límites que separan el pasado, el presente y el futuro (pues dichos límites son impuestos por la mente sobre un territorio que se encuentra libre de ellos). Sin embargo, quienes comienzan a practicar no tienen todavía el re-Conocimiento (de) este Estado y encuentran difícil despertar en ellos dicho (re- Conocimiento). 
Por lo tanto, es muy importante que no se dejen distraer 
por los pensamientos que se refieren a los "tres tiempos". 
Ahora bien, si, con la intención de que ellos no le distraigan, uno intenta eliminar todos los pensamientos concen­trándose en la búsqueda de un estado calmo o de placer, debe percatarse de que está incurriendo en otro error, pues dicha concentración en sí misma no es más que otra estructura conceptual. [..]

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